La importancia de etiquetado

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¿Sabemos lo que comemos?

Cuando hacemos la compra diaria en los mercados, supermercados y demás establecimientos no nos paramos a mirar el etiquetado que tienen los productos que vamos a consumir. La función del etiquetado es muy importante ya que nos da a conocer  los aspectos fundamentales de los alimentos que nos llevamos a la boca. Cuando compramos frutas o verduras, observamos la calidad visible que presentan, los daños que puedan tener, si tienen manchas, si están limpias, el tamaño, el color y de igual forma o con más interés hay que tener en cuenta el etiquetado, la manera más fácil de obtener información sobre los productos envasados.

El Reglamento Nº 1169/2011 establece en sus artículos las condiciones del etiquetado para que nos aporten toda la información de cómo consumirlo, la calidad, los tipos y las cantidades de nutrientes que llevan, las calorías y los ingredientes. Este tipo de información da relevancia al interés por la relación entre la alimentación y la salud, por lo que nos responsabiliza de llevar una dieta equilibrada y saludable de acuerdo con las necesidades individuales.

En el Libro Blanco de la Comisión, de 30 de mayo de 2007, acerca de una Estrategia Europea sobre Problemas de Salud relacionados con la Alimentación, el Sobrepeso y la Obesidad («Libro Blanco de la Comisión»), se señaló que el etiquetado sobre propiedades nutritivas es un método importante para informar a los consumidores sobre la composición de los alimentos y para ayudarles a tomar una decisión con conocimiento de causa. Esto sirve para capacitar a los consumidores, mejorar su bienestar y protegerlos de forma eficaz. Tener conocimientos básicos de los nutrientes y una información nutricional apropiada de dichos productos ayudarán al consumidor a reconocer y elegir con responsabilidad los que vengan bien para su salud. La información nutricional de un alimento hace referencia a la presencia de valor energético y de determinados nutrientes en los alimentos. La presentación obligatoria de información nutricional en el envase debe ayudar a actuar en el ámbito de la educación del público sobre nutrición, como parte de la política de salud pública, la cual podría incluir recomendaciones científicas que contribuyan a tomar decisiones consecuentes. Por razones de comparabilidad de los productos en envases de distintos tamaños, resulta conveniente mantener la obligación de declarar valores nutricionales por 100 g o 100 ml y, si procede, permitir indicaciones complementarias referidas a porciones de otros tamaños. Además, para facilitar indicaciones comparables en relación con las porciones o unidades de consumo, la Comisión debe estar facultada para adoptar normas relativas a la expresión de la información nutricional por porción o por unidad de consumo para determinadas categorías de alimentos. También en el Libro Blanco de la Comisión se destaca la importancia de algunos nutrientes como el contenido en grasas saturadas, azúcares y sodio, los cuales son considerados los menos recomendados para una dieta equilibrada, por tanto, conviene que los requisitos sobre la presentación obligatoria de la información nutricional tengan en cuenta tales elementos.

El Reglamento establece normas relativas a las propiedades referentes al contenido y la presentación de la información nutritiva de los alimentos envasados de acuerdo con el alimento en cuestión y además existen normas específicas aplicables a alimentos particulares. Por todo ello, las empresas son responsables de garantizar la seguridad alimentaria, así como la salud de los consumidores, adaptándose a las necesidades cambiantes de la comunidad, incluso obliga a prohibir el uso de información que cree confusión o que conduzcan a información engañosa al consumidor, en especial en cuanto a las características de los alimentos, sus efectos o sus propiedades. Para ser eficaz, las etiquetas tienen que ser explícitas, claras y comprensibles, inclusive el tamaño de la letra, el color y el contraste para una mejor legibilidad de ésta. Deben contener el nombre del producto y cantidad neta, ingredientes, fecha de caducidad o en su caso, el consumo preferente, lote y fecha de elaboración, modo de conservación y consumo, además de incluir los ingredientes que puedan causar un riesgo para la salud de los usuarios así como para alérgicos y para intolerantes.

Desgraciadamente sólo una pequeña población lee el etiquetado de los productos, excepto en el caso de los alérgicos e intolerantes que a menudo lo consultan, pero cada vez más consumidores sienten la curiosidad de saber sobre lo que se consume, ya que es fundamental a la hora de llevar una dieta adecuada y adaptada a nuestras necesidades y como no, ser conscientes de mantener la dieta mediterránea que tanto nos caracteriza y cuyos efectos saludables son avalados por la Organización Mundial de la Salud.

Por otro lado, también se establece como norma obligada la indicación de alimentos que hayan sido irradiados, los alimentos que consisten, contienen o son fabricados a partir de organismos modificados genéticamente, es decir los conocidos como transgénicos, o los alimentos que contienen colorantes enumerados en el anexo sobre aditivos alimentarios, ya que aún están sometidos a estudio para aprobar su inocuidad. Igualmente, en el etiquetado deben figurar una o más menciones adicionales tales como envasado bajo determinados gases, por ejemplo atmósfera modificada, alimentos que contengan edulcorantes o azúcares, que contengan aspartamo, más de un 10% de polialcoholes añadidos autorizados, ácido glicirrícico o su sal de amonio, que contengan cafeína o cafeína añadida y alimentos con fitoesteroles, entre otros.

Ya que conocemos la norma obligada establecida por la UE, nos corresponde tener en cuenta si realmente se cumple el dicho “somos lo que comemos”, porque debemos mirar con exactitud no las calorías sino lo que nos aporta cada uno de los nutrientes al organismo y lograr obtener información sobre la calidad del producto y poder evitar así futuros accidentes, ya que tenemos la oportunidad de contar con un Reglamento que vela por la seguridad y salud de los consumidores.

Aunque esto del etiquetado hay alguien a que le parezca algo novedoso e incluso innecesario, ya Hipócrates, conocido como el padre de la medicina, allá en el 460 a.C. sentenció “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”.

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